Las reclamaciones y las quejas surgen mucho más fácil en nosotros que la alabanza y la acción de gracias; y ello a pesar del hecho de que Dios nos ha prodigado con su bondad y misericordia. Su más grande acto de amor es su plan para salvarnos de nuestros pecados. Dios consistentemente ha obrado a nuestro favor, para acercarnos a Él mismo y, en definitiva, para “sellarnos”, es decir, asegurar nuestra salvación. En un mundo que trata de socavar nuestra confianza en lo invisible, Dios asegura a los que creen en su Hijo Jesús, que serán perdonados y salvados para pasar la vida eterna con Él. Por esta razón, Dios merece toda nuestra alabanza.