Aunque estamos conscientes de las consecuencias de dar rienda suelta a las súplicas internas de nuestros deseos pecaminosos, todavía cedemos ante ellas. Necesitamos la ayuda de Dios para permanecer firmes en contra de la carne. Pero necesitamos hacer más que solo analizar y teorizar. Nuestra esperanza es ponernos de acuerdo en maneras prácticas de cómo vivir alejados del síndrome de derrota diaria, mientras descubrimos algunos de los secretos bíblicos de conquista por medio de Aquel quien derramó Su poder sobre nosotros. Cuando esto comienza a suceder, el autocontrol llega a ser una realidad en nuestras vidas.