La humildad es una disciplina espiritual que no se nos da naturalmente porque somos, por naturaleza, criaturas egocéntricas. No nos sometemos con facilidad a los demás. Vivimos demasiado preocupados de cómo lucimos, protegemos nuestra imagen y nuestra reputación, peleamos por nuestros derechos individuales y usualmente encontramos difícil admitir el error o reconocer cuando fallamos. Por lo tanto, el día de hoy necesitamos la instrucción de la Palabra de Dios, y donde sea necesario, su corrección y reprensión.