1 Tesalonicenses 5:12–15 Suponga que usted tiene un amigo creyente que se ha salido del sendero de Dios y ha vuelto a los caminos del mundo. Ya no asiste a los cultos, no quiere ni oír de las cosas espirituales y está descuidando sus responsabilidades familiares. Su pensamiento inicial es: Debo amonestar a mi amigo. Sin embargo, cuando se encuentra con esta persona todo lo que oye es una historia que le parte el corazón, y muestra su frustración y desilusión; y usted piensa: No, no tengo corazón para amonestarlo. Piense lo siguiente: ¿Son las acciones de su amigo el resultado de la indisciplina, desaliento, debilidad, o una combinación de todo eso? ¿Debería usted confrontarle o consolarle? ¿Debería su amor ser firme o tierno? Si está luchando con estas cuestiones, entonces usted realmente apreciará las palabras de Pablo a los tesalonicenses, aún y cuando estas se escribieron en el primer siglo.