1 Tesalonicenses 5:16–22 Tiene usted el valor para ser un cristiano contagioso? Tal vez usted nunca se había dado cuenta que ser contagioso en su cristianismo requiere valor, por eso le ruego que lo piense por un momento. Para que logremos que aflore la presencia contagiosa de Cristo en nuestra vida diaria requiere el valor para hacer ciertas cosas. Como sonreírle a la vida en vez de tenerle pavor. Escuchar el “¡sí puedes!” de Dios antes que el “¡ten cuidado!” de los que nos rodean. Ser entusiasta en lugar de pesimista con respecto a lo que se nos presenta cada día. Pablo comprendía que este intercambio de aliento era vital, y por eso mandó a los creyentes tesalonicenses a que “se animen unos a otros” (1 Tesalonicenses 5:11). Él anhelaba de corazón que ellos se edificaran mutuamente, y por eso les entregó una lista de rasgos necesarios para que su fe y la nuestra sean una fe contagiosa.